La gatuna
Que en la ‘prospera y rica’ Europa estamos creando algún que otro subnormal con el beneplácito de padres, educadores y sociedad en general, parece una realidad. Viene esto a cuento por una noticia sobre una noruega de 21 años que dice que cuando tenía 16 primaveras descubrió que “era un gato”, sostiene que “ha nacido en la especie equivocada”, e incluso pide muy seriamente “ser reconocida como género”.
Aunque en este asunto su procedencia es lo de menos… La susodicha podría haber nacido perfectamente aquí o en cualquier otro de los países de lo que venimos llamando ‘occidente’, o incluso en el país del sol naciente donde hasta hay cafeterías de gatos (¡y de conejos!); no se equivoquen, no son lugares donde uno pueda acudir con su mascota para tomarse una cañita con su tapita, al contrario, los clientes no pueden llevar la suya propia, se trata de tomarse una ‘relaxing cup of café con leche’ mientras se disfruta del cariño y compañía que les dan los animalitos que ‘trabajan’ en el establecimiento, ¡parece ser que esto ayuda a paliar la soledad del tercio de ‘japos’ que viven solos!
Claro que estas tontunas existen desde hace tiempo, recordemos que allá por los años 90 el inefable Carlos Jesús hizo las ‘delicias’ de los telespectadores de por aquí diciendo entre otras tonterías que venía del planeta Raticulín y que unas veces era Cristofer y otras Micael; y por poner otro ejemplo más cercano en el tiempo, hace unos pocos años fue noticia un tipo que se había convertido en el hombre lagarto tatuándose todo su cuerpo de escamas verdes y operándose la lengua para hacerla bífida.
Que me disculpe la chavala nórdica en cuestión por meterme con ella, imagino que no seré el único en faltarla, pero es que la cosa tiene su miga… Se viste de gato con orejas, zarpas y rabo, camina por casa a cuatro patas, dice que araña y que repudia el agua, y demás chaladuras varias. La noticia parece que es de hace un año pero sigue circulando por wasap y redes, y como no podía ser de otra forma en youtube se puede ver un vídeo sobre tan lindo gatito.
Llegados a este punto lo primero que se pregunta cualquiera con dos dedos de frente es cuánto hay de impostura y de farsa en esta historia, si no es otra lista más que se inventa algo anormal para intentar llevárselo muerto, hacer su particular tour por los diferentes programas basura que supongo que también existirán en la televisión de su país –no vamos a ser los españoles los únicos subnormales con este tipo de programitas–, y en definitiva conseguir ganar una morterada de dinerito viviendo del cuento; como dice mi amigo David, el guaje, “–¡si la tipa esta viviese aquí ya tendría una paga del estado!”
Porque una cosa es ser muy amiguita de los gatos, deshacerse en mimos y atenciones hacia ellos, que tu mundo gire en torno a los mininos y otra muy distinta es decir que se es gato y que quieres que te reconozcan como transespecie, al final te planteas si lo que le faltó a esta chica es una buena bofetada a tiempo, pero claro esto está fatalmente visto en esta sociedad que nos hemos inventado y seguro que más de un orientador, psicólogo o profesional de la cosa infantil y adolescente me recriminarán este comentario, haciéndome ver que lo mejor para el futuro desarrollo de cada tierno infante es dejarle expresarse como buenamente quiera, estimularles su creatividad sin ningún tipo de orientación o dirección para no coartar su inventiva, no vaya a ser que nos salgan todos artistas, deportistas, músicos, escritores, científicos o vaya usted a saber qué otra tontería del montón, mucho mejor que les dé por ser gatos, dragones, francotiradores de instituto o practicantes del noble arte del balconing en Magaluf… Vamos, ¡ni comparación!
En fin, habría que ver a esta chica –y el resto del personal que confunde lo que puede ser una sana afición o entretenimiento convirtiéndolo en una obsesión o chaladura–, si en lugar de haber tenido la inmensa suerte de nacer y vivir por estos lares y llevar una vida acomodada hubiese nacido en algún país del llamado tercer mundo, pongamos que hablo de Nigeria, ¿haría las mismas estupideces y diría las mismas sandeces o por el contrario se dedicaría a intentar subsistir y sobrevivir sin más?, no vaya a ser que se le ocurra decir que es un gato y los vecinos la miren con ojos golosos y en la próxima reunión familiar la guisen y se la jalen, que no está la cosa como para desaprovechar tanta carne de animal con sus proteínas y todo.
¿Existe un límite entre lo aceptable y lo anormal? ¿Dónde está la línea que si la cruzamos sabemos con certeza que estamos perdiendo el norte? Sobre esto habrá opiniones de todo tipo, cada uno marcará sus límites y trazará sus líneas donde le venga en gana, para eso somos libres y no vas a venir tú a decirme lo que tengo que hacer, ¡faltaría más! Y al final va a resultar que la diversidad aunque sea absurda es buena y enriquecedora, ¡dónde iría a parar este cochino mundo si no tuviésemos una gatita ronroneando alrededor!